domingo, octubre 21, 2007

SER ASESINADO A SER ASESINO

REPORTAJE: MEMORIA HISTÓRICA
NATALIA JUNQUERA 21/10/2007

Roberto Rocafort, de 72 años, busca a su padre, Javier, electricista, afiliado a Izquierda Republicana en Sangüesa, uno de los presos gubernativos. "Encontrarle va a ser más difícil porque no está en el cementerio. Lo mataron los falangistas un día que vinieron a buscar a los tres presos que había de Sangüesa en San Cristóbal. Se lo dijo a mi madre un cliente de la taberna que había oído a los falangistas jactándose por el pueblo de haber matado a mi padre. Fue el 6 de abril de 1937. Yo tenía dos años".

Setenta años después, Roberto recorre las instalaciones de la cárcel desde la que su padre le escribía unas cartas que hoy guarda como un tesoro: "Por mí estar muy tranquilos porque estoy muy bien. Y como yo nada he hecho, a mí nada me harán. Estoy muy tranquilo... El jueves te marchaste un poco preocupada porque te pareció que estaba yo más delgado, pues he de decirte que estoy como siempre, muy bien, sólo que como no sabía que venías, no me afeité y la barba desfigura mucho... No hace falta que vengas porque hace mucho frío y a mí me da pena que lo pases por verme... Domi, me parece que voy a ser tan feliz cuando nos juntemos con nuestros hijos como nunca". Dominica Lozano recibió la última carta varios días después de la muerte de su marido, fechada en el mismo día que había sido fusilado. En su última línea, Javier Rocafort había escrito: "Le dices a María Ángeles que le llevaré una muñeca, y a Roberto, un caballo".

"Hasta hace muy poco me emocionaba mucho y me derrumbaba enseguida al hablar de mi padre. Hoy lo estoy llevando muy bien, y es por el psicólogo que me enviaron a casa los de la Asociación de Familiares de Fusilados y Desaparecidos de Navarra. Venía todas las semanas, le leía las cartas, charlábamos. El último día me dijo que le escribiera una a mi padre. Lloré muchísimo, pero ya no lloro más", asegura Roberto.

Ésta es la carta que le escribió: "Todo Sangüesa imaginó que Javier había tenido un hijo la mañana que pasaste por el pueblo tocando el claxon de tu moto. Querido papá, soy Roberto, ese hijo que tanto deseabas. Durante dos años, solamente dos años, te dejaron jugar conmigo. No nos dejaron más tiempo juntos el odio, la envidia, la ambición y la locura, que se apoderó de España, en especial de tu querida Navarra, de tu pueblo. Primero, cárcel, 10 meses de cárcel, sin juicio, sin motivo alguno. Después, el asesinato a sangre fría. Pero quiero que sepas, querido papá, que estoy orgulloso de ti, que prefiero mil veces que seas asesinado a que fueras asesino. Solamente te conozco por las cartas que enviaste a mi madre desde la cárcel, pero son suficientes para saber que eras un hombre de bien, que pensabas ser muy feliz con tu familia el día que todo terminase. Pero no te dejaron. Te quitaron la vida...¡por nada! Un abrazo, papá, adiós para siempre". -